Mi abuela tiene una biblioteca en su casa la cual está atiborrada de libros. Desde la historia de los judíos sefaraditas hasta un manual de buenos modales para las futuras casamenteras, pasando por novelas rosas y cuentos clásicos. Estas publicaciones nos cuentan más que las historias que contienen, en las primeras y últimas páginas está impresa esa cadena de trabajo que muchas veces no le prestamos atención.


El año, la editorial, el país y el número de ejemplares son los componentes del ADN de nuestros libros. Con esa información, el lector curioso puede darse una idea de lo que significa la publicación pues no sólo importa la historia que se cuenta a través de las páginas, sino el universo consiso del nacimiento del ejemplar y con esto, toda la información genética que contiene como por ejemplo el autor, el editor, el impresor y el distribuidor, por mencionar algunos.

Así como para mi abuela cada miembro de la familia cumple un papel fundamental en su vida, para que un libro llegue al estante de alguna casa o biblioteca fueron necesarias distintas personas que realicen ciertas funciones. 
En Guía para la publicación de un libro, Datus C. Smith explica el proceso para que lo anterior sea posible.


Todo comienza con el autor quien es la cabeza creativa adeás de ser el punto inicial de toda la cadena. Es quien crea y escribe un texto. En términos comunes, es el padre del libro y por esto debe protegerlo de que lo clonen sin su concentimiento -plagio- o que lo roben, y para proteger al nuevo padre, existen leyes dentro de los países las cuales amparan a los autores.
A diferencia de los padres e hijos de carne y hueso, el autor recibe una recompensa monetaria por su nuevo libro, un porcentaje del costo final de la publicación. A este pago se le llama regalías.


Aquí es cuando hace la entrada triunfal el editor, con tambores y toda la cosa. El autor lleva sus hojas escritas -la manera puede ser al gusto del creador, ya sea en computadora, máquina de escribir o a mano, claro depende de la tecnología que tenga y la preferencia como escritor- que se llama manucrito al editor, y éste último es quien se encarga de lidiar con todas esas cuestiones que el artista no va a hacer; además de echarle una hojeadita para serciorarse que no existan errores ortográficos y ese tipo de cosas.
Es la logística del libro, el editor establece el número de tiraje, la distribución, los costos, los pagos. Osea, continúa con el ciclo.


El editor, con el manuscrito perfecto, se lo lleva al impresor quien lo enchula a partir de las especificaciones del editor
El impresor entrega el libro al editor.

Una vez que nuestro editor estrella ya tiene el libro en sus manos, debe pensar en la distribución, y para esto, es necesario que fije primero el precio que tendrá cada ejemplar de acuerdo con los costos del autor, el impresor, los descuentos a las librerías, los ejemplares de regalo, y esas cuestiones de números.


El editor, ya teniendo en cuenta todos los factores anteriores, reparte los ejemplares a los vendedores quienes se encargan, como buenos comerciantes, de vender el producto obteniéndo también una ganancia.

Así que bueno, supongo que mi abuela cuando compró esos libros que ahora llenan su biblioteca, no se preguntó por cuántas manos ni cuestiones habían pasado, y si con alguno de ellos lo hizo, no creo que se haya imaginado este complejo proceso.

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