Hasta ahora esto es lo más parecido que tengo a un hijo, y desde que supe que debía crear un blog mi principal angustia fue el nombre.Antes criticaba a países como Argentina, donde existe una ley que dice que cuando alguien va al registro civil a ponerle nombre al hijo, la señorita saca una lista de apelativos entre los que deben elegir cómo se llamará su descendiente. Siempre pensé que era algo cruel, hasta que me di cuenta que es aún más cruel el hecho de que un niño se llame Laredo Texas, o una niña Abecedaria o peor aún, Menstruación.

Para ponerle el nombre, lo primero que hice fue una lluvia de ideas con palabras que me gustan; entendí que un nombre nunca será perfecto, porque a pesar de que pachuli hace que se esboce una sonrisa en mi rostro, o macadamia me haga sentir bien, nada combinado con eso sonaba correcto. Así que fueron descartados La Virgen de la Macadamia y El Santo pachuli.

Después de la lluvia de ideas, pensé en cosas que me gustan y decidí que las carteras de mi abuela me parecen algo fascinante. Y es que además de ser una máquina del tiempo capaz de transportarme a la década de los cuarenta o cincuenta, su tamaño es el ideal para guardar todos los tesoros, desde las fotos de sus nietos y bisnietos, la menta que le dieron en el último restorán al que fue, cartitas y ojitos contra las malas vibras, hasta la colección de tarjetas de presentación de los sobrinos.

Así pues, pretendo que el nombre de éste blog los remita a una especie de miscelánea en la que quepan todas esas curiosidades que mi abuela suele guardar en su cartera donde, por cierto, hace poco encontré una listita con los posibles nombres para su próximo bisnieto.

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