Existe un problema en cuanto a la ultracorrección. Si bien hay ejemplares dispuestos a ayudarnos a expresarnos correctamente, la realidad es que el habla de las poblaciones muchas veces no son iguales a lo estipulado.
Por lo anterior, el corrector debe lidiar con ese conflicto; ponerlo como en realidad es, o como la gente lo entenderá. Es el mismo caso de muchos de los comunicadores en los medios de comunicación, quienes hacen un mal empleo de la lengua pero lo hacen de la misma manera que el público para un mayor entendimiento.
El habla del mexicano está compuesta, hoy en día, por palabras que no son de nuestro idioma. Sobre todo en cuestiones técnicas, se adoptan palabras en inglés y es aquí cuando los correctores deben decidir cómo ponerla en un libro.
El producto que usamos para lavarnos el cabello es conocido como shampoo y en México pronunciamos la palabra como si habláramos inglés, a diferencia de los españoles quienes lo escriben y lo leen como champú.
No podemos ser fatalistas y pensar que nuestro idioma está en decadencia por “aceptar” tecnicismos, conceptos o palabras prestadas; pero sí debemos tomar en cuenta que el castellano tiene una riqueza en cuanto a vocabulario, y complejidad.
Debemos entender que el castellano de hoy en día se ha vuelto una mezcla de muchas palabras “prestadas”. Pero eso no influye en nada más que en la concepción del que utiliza el idioma. Es necesario saber cómo se dicen en nuestro idioma palabras que utilizamos de otros.
El habla cambia dependiendo de la región, el nivel económico, la escolaridad, la edad, el género, entre otros. Y es por lo anterior que en los libros se hace una selección entre cómo se nombra a un solo concepto para darle la intención que se quiere.
Maricón, joto, gay, homosexual, puto, son algunas de las formas que los mexicanos utilizamos para referirnos a alguien que le atraen personas del mismo género. Y el nombrarlo de alguna manera no es indistinto, tiene que ver con los aspectos del párrafo anterior.


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